Albert Ramos inicia un año más junto a su equipo de toda la vida


Doha, Sídney y el Abierto de Australia son los tres primeros torneos programados en su calendario en 2018, que continuará en la gira en Sudamérica

Fidelidad a su equipo de toda la vida. Es la incondicional consigna que ha distinguido a Albert Ramos Viñolas a lo largo de su carrera profesional, que iniciará este 2018 una temporada más junto a su entrenador principal José María Díaz con quien ha compartido banquillo de manera ininterrumpida desde los 18 años. Además, Juan Ros (Queco), Noé Losmozos, así como Jordi Vilá en la preparación física, completan su cuerpo técnico durante un curso más, que arrancará el próximo 1 de enero en el ATP 250 de Doha.

La relación profesional entre Ramos y Díaz se ha consolidado entre las más dilatadas del ATP World Tour. Y es que desde que Albert comenzó a jugar en la Escuela de Tenis Mataró (Barcelona) se inició un binomio que aún perdura en el circuito profesional. “Empezamos a entrenar cuando tenía 9 años. Yo no tenía la experiencia de haber sido profesional, pero sentía que Albert era un chico especial no sólo porque ganaba y competía muy bien, sino porque veía en él cosas diferentes a otros niños: si perdía se enfadaba mucho y esto le hacía trabajar más; si alguien era mejor que él, se preocupaba de mejorar para poder ganarles”, recuerda su entrenador.

En la vorágine del circuito, que impone el reparto de múltiples entrenadores en la carrera de un tenista como norma general, son una ‘rara avis’ en el ATP World Tour. “Lo que nos distingue es saber diferenciar el aspecto personal del profesional. En su caso, además la fidelidad y el respeto a mi trabajo y, en el mío, la posibilidad de tener un gran apoyo familiar para permitirme viajar durante tanto tiempo acompañando a Albert”. Durante estos años, el tándem ha ido incorporando importantes piezas a su entorno para crecer de la mano hasta el No. 17 del mundo, que Ramos Viñolas tocó en mayo después de disputar su primera final de Masters 1000 en Montecarlo.

“La clave ha sido su fidelidad. En el momento en el que yo no tenía la experiencia en determinadas situaciones, no le ha importando y hemos sabido buscar las soluciones juntos”, indica Díaz que hoy comparte las funciones de entrenador con Juan Ros, encargado de asesorar aspectos técnicos y físicos en las últimas dos temporadas, así como Noé Losmozos, que viaja durante varias semanas de la temporada. “Albert es un trabajador incansable. Siempre trata de mejorar cualquier deficiencia posible respecto a los mejores, buscando soluciones hasta dar con la tecla. Siempre ha mostrado inquietudes por evolucionar, lo que le ha permitido crecer durante diez años sin parar. Él mismo capitanea un equipo en el que trabajamos para encontrar esas soluciones”.

En más de una década como profesional, Ramos ha tenido en la figura de Díaz la de un ‘padre deportivo’. Han crecido juntos desde los campeonatos regionales en categorías inferiores hasta instalarse en la élite del ATP World Tour. Incluso desempeñó un papel fundamental, cuando con 18 años el barcelonés se planteó colgar la raqueta. “En aquel momento no trabajábamos juntos, pero tuvimos una importante conversación. Él había parado durante unas semanas en verano y llegó a plantearse dejar de jugar porque veía que donde él soñaba y aspiraba estar en el futuro no llegaba”, revela años después. “Ahora mi objetivo es hacer el día a día lo más fácil posible. No se trata únicamente de una función vinculada al tenis, algo en lo que también se implican otras piezas del equipo como Noé o Queco, una importante incorporación que nos trajo madurez en aspectos técnicos y tácticos más específicos adaptados a su edad, a su ranking y sus inquietudes. Me toca hacer un poco de todo”.

Lejos de caer en la rutina o el conformismo, otro de los valores que ha perdurado esta relación profesional en el tiempo es una línea de ambición ascendente que aún no ha tocado techo. “No nos relajamos, estamos exactamente igual que cuando lo conocí. Tengo la misma ilusión en que consiga sus sueños, los nuestros, los del equipo. Los mismos nervios, responsabilidad o cosquilleos en la tripa que al principio. No importa que sea el No. 23 o el No. 60, no es un tema de números, es mucho más que eso. Supongo que él también lo percibe y ha hecho que esto dure tanto. Prioriza la ilusión y el respeto mutuo”.

Es ilusión compartida y capacidad de ambición han permitido a Ramos Viñolas terminar 2017 en la posición más alta de su carrera al final de una temporada (No. 23), en el que ha sido su curso más brillante. “Independientemente de los partidos que gane, siempre tiene una necesidad diaria de ser mejor tenista. Todavía no le llega el momento de conformarse. Esto es lo que me entusiasma. Da igual el número que esté, quiere mejorar cosas como si tuviera 15 o 16 años, tiene no le afecta el cansancio de los años. No quiere ser un número si no cada día mejor”, resume Díaz.

A falta de unos días para despedir 2017, la próxima temporada asoma a la vuelta de la esquina en Doha. Seguirá en Sídney y completará el mes de enero en el Abierto de Australia. “Mi mayor objetivo para 2018 es intentar ser capaces de trabajar mucho sobre los aspectos de la prevención de lesiones y que esté en óptimas condiciones físicas. Si está físicamente como ahora, no marco objetivos numéricos, pero nada de lo que pudiese pasar me sorprendería. Está a muy buen nivel”.